18 may. 2009

LA MAGIA DE MARRAKECH





Invariablemente como todos los años después del día de Navidad y hasta la llegada del Año Nuevo me entran unas ganas irresistibles de desaparecer de mi rutinario entorno.

Este año tenia ganas de volver a la mágica ciudad del sur de Marruecos, la puerta del Atlas punto de partida hacia el Tubkal la mas altas de las montañas del Norte de África y encrucijada de caminos en el que convergen las caravanas del Sahara, y de donde salen las carreteras que conducen hacia las bonitas ciudades de la costa Atlántica, Essaouira, Agadir, Rabat o la mítica Casablanca, allí conduce también la carretera que viene del Norte desde Tánger o Tetuán y que pasando por el Rift y siguiendo la ruta del Atlas y las increíbles ciudades Imperiales, Fez y Meknes, muere en las mismas murallas de la mágica ciudad de Marrakech.



Mi intención era ir en solitario hasta Marrakech y desde allí acercarme hasta el pie del Tubkal, pues más adelante tengo previsto subir a la cima de esta montaña.

Comentándole a mi hija Irene mi intención de desaparecer por unos días me comunico sus ganas de hacer este viaje en mi compañía, me pareció una buena idea ya que de esta manera tenia la oportunidad de pasar unos días con mi querida hija y aprovechar para pasar el día de su cumpleaños en tan maravillosa ciudad.

A última hora también se apunto a la escapada, Montse mi ex pareja y buena amiga de Irene.

Y así fue como los tres partimos rumbo a la ciudad del Sur.

A pesar del tiempo pasado desde la ultima vez que estuve en esa ciudad, pronto descubrí que me venia a la mente la situación de todas sus calles como si hiciera solo unos días que me hubiera ausentado.

Desde luego donde mas visible eran los cambios era en la parte moderna de la ciudad, para entendernos la parte que queda fuera de las murallas que encierran lo mas atractivo de la ciudad.





Una vez dejamos nuestros equipajes en el Hotel Hicham situado en el Barrio de Gueliz nos dirigimos a pie a través de la interminable Avenida Mohamed V hasta la plaza de Jamaa El Fna, por el camino nos detuvimos a comer en un restaurante donde probamos el gustoso guisado de cordero con cous-cous típico, y por hambre o por calidad el caso es que nos pareció exquisito.



Una vez llenado nuestros estómagos reanudamos nuestro camino hacia la Plaza Jamaa El Fna centro neurálgico de la ciudad y donde tarde o temprano convergen todos los visitantes que acuden a la ciudad sean nativos o foráneos, allí es posible encontrarse con auténticos Tuaregs, Beréberes, Saharauis junto a toda la fauna de guiris posibles.

Si vais a primeras horas de la mañana a esta Plaza, parece mentira que en su grandiosidad y soledad, pueda convertirse horas mas tarde en aquella amalgama de personajes, contadores de cuentos, malabaristas, encantadores de serpientes, bailarines de danzas desconocidas e infinidad de vendedores de toda clase de frutos, caracoles, dulces etc.etc.



Y lo que más me ha llamado siempre la atención la aparición como si fuera por arte de magia de una serie de chiringuitos de comida, instalados con sus mesas y sus barbacoas al aire libre.

Comer en esto entoldados es una experiencia única, la comida es aceptable siempre que no seas demasiado exigente en normas de higiene. Nunca se te ocurra preguntarte de donde sacan el agua para lavar las verduras o los platos y cubiertos donde te sirven la comida.

A mi concretamente me entusiasman los caracoles que preparan en la Plaza y cada noche antes de cenar, Irene y Montse me acompañaban a zamparme una o dos raciones de tan exquisito manjar, mientras ellas miraban con cara de asco.

Aunque un par de veces nos quedamos a comer en la propia plaza, otras veces buscábamos en las callejuelas adyacentes algún restaurante con buena pinta para poder disfrutar de la gastronomía autóctona.

En una de estas correrías de exploración hallamos un Riad llamado Mogador, situado a 2 pasos del centro de La Plaza y donde a parte de comer muy bien y a buen precio, nos enseñaron las instalaciones que me hicieron desear alojarme allí la próxima vez que vuelva a Marrakech.





Otro de los simbolos de esta exótica ciudad es el minarete de la Koutoubia, situado muy cerca de La Plaza y visible desde casi cualquier sitio, la imagen de este minarete con el ocaso o la puesta del sol es una visión difícil de olvidar, aunque su silueta nos hace recordar a su hermana gemela la Giralda de Sevilla su situación en tan emblemático lugar hace que este rodeada de una magia única e irrepetible.

Los jardines que rodean esta mezquita hacen de este lugar y su entorno un agradable espacio para pasear sin el agobio de la cercana Plaza Jmaa. Casi a dos pasos de estos jardines se encuentra el emblemático Hotel-Casino La Mamounia, que aunque en esta ocasión estaba cerrado por reformas, yo ya había visitado en otras ocasiones y os recomiendo hacerlo en vuestra visita a Marrakech y pasearos por sus magníficos jardines.

Pasear por el zoco de la ciudad es una verdadera gozada, infinidad de pasillo sin fin con tiendas de la más variada oferta, nada que invidiar al Gran Bazar de Estambul o al Khan el Khalili del Cairo.



Perdidas en este laberinto de callejuelas podemos encontrar algunas Mezquitas y fuentes muy interesantes.

Digno de visitar esta el Palacio El Bahia, al lado del Barrio Judío y no demasiado lejos El Palacio de El Badi, este ultimo aunque en ruinas todavía contiene muestras de su pasado esplendor, llamado el Incomparable, fue una de las grandes joyas del imperio musulmán.

Cerca de allí, en la Plaza des Ferblantiers, donde estuvimos tomando un té con menta, descubrimos un local muy acogedor donde decidimos celebrar el cumpleaños de Irene y adonde fuimos un par de veces a tomar algo, desde su magnifica terraza se contempla una maravillosa vista de la ciudad y el Palacio El Badi.





Vale la pena que saliendo de las murallas de la ciudad por la Avenida de La Menara os acerquéis a estos hermosos jardines que aunque solo se trate de una gran extensión de árboles plantados muy alineados alrededor de un palacete situado a orillas de un embalse artificial, tiene en su simplicidad una gran belleza y le da al visitante que los contempla una gran paz y serenidad.

La noche de la despedida fuimos una vez más al local de la plaza Ferblantiers llamado Kosibar, y pudimos contemplar que por la noche todavía tenía mas atractivo, las vistas de la ciudad iluminada, su entorno y el propio ambiente de este local, hacen de él un bonito lugar para despedirse de la fascinante MarraKech.





Me quedan sus sabores, sus olores, sus tes de menta y sus gentes de otra época.


¡HASTA LA VISTA, CIUDAD MAGICA!




Conde de Queralbs.Marrakech2008


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