5 mar. 2008

REFUGIO DE ESTÓS (BENASQUE)


Hoy me han llegado algunas de las fotos que Juanjo realizo este fin de semana en nuestra excursión al Refugio de Estós. La subida al refugio que fue bastante tranquila contó con alguna anécdota divertida, os cuento. Cuando empezamos a caminar por el sendero lleno de nieve y con tramos helados, Juanjo saco de su mochila la cámara para hacernos unas fotitos, con tan mala pata que teniendo los palos en una mano la cámara en otro y la mochila en la espalda piso una placa de hielo con la previsible consecuencia de un morrazo morrocotudo que mas bien parecía una parada de balón del portero del R. Madrid, pero sin manos. a pesar de lo espectacular de la acción de mi amigo os puedo asegurar que no exteriorize ni una sola risa, aunque una vez comprobé que no había sufrido daños irreversibles, podéis imaginaros que interiormente me partí el culo de risa. Seguimos la ruta con fotitos e intercambios de anécdotas, siempre intentando no discutir de temas en los que no estamos de acuerdo, que como podéis imaginaros son casi todos. Todo bien, hasta que llegamos a un bucólico puente donde mi amigo Juanjo se adelanto para tomar unas magnificas instantáneas del bonito lugar. Y allí una vez más mi amigo haciendo gala de su carácter intrépido, realiza una acrobacia involuntaria y casi se precipita por el puente hacia el riachuelo que se hallaba eso si a la distancia de 1m.escaso de altitud, silencio total, miradas entrecruzadas entre los amigos y nadie se atrevió a exteriorizar las risas que por dentro nos oprimían. Bueno en fin el resto de subida hacia el refugio sin anécdotas importantes, el paisaje fantástico y el tiempo de fabula. Llegamos al refugio después de unas 2 horas y media y nos premiamos con un buen bocata y como no una cervecita fresquita. El refugio muy agradable, el paisaje es espectacular y por supuesto la visita recomendada y fácil de llegar. El regreso fue muy cómodo, pero si te desviabas del camino, te hundías hasta la rodilla en la nieve y hay va, la ultima anécdota, yo iba abriendo camino cuando mi bastón se hundió en la nieve y me obligo a hacer un traspiés con hundimiento de mis piernas y la consecuente caída de bruces clavándo mi faz en la nieve. Y hay esta mi sorpresa, la risa estrepitosa de mi amigo Juanjo resono por el amplio valle de uno a otro lado, sin ni siquiera comprobar mi estado de estropicio. Como podeis ver, los amigos son amigos en cualquier circunstancia. Moraleja: quien ríe ultimo, ríe mejor. Conde de Queralbs.

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