5 ene. 2010

REGRESO A VENECIA

Hay ciudades construidas a partir de los sueños de los hombres… Venecia es una de ellas”.


Era mi retorno a la ínsula de Venecia, y desde el primer momento comprendí que cada lugar se te aparece distinto dependiendo de tu estado de animo y de la persona que tienes a tu lado y si estas o no enamorado.


Franz Kafka, dijo de esta enigmática ciudad:

"Aquí he encontrado el hacha que destroza la mar helada de mi interior"

En esa ocasión me encontraba acompañado de una persona maravillosa, habíamos decidido pasar unos días en esa mágica ciudad, que aunque ambos conocíamos sabíamos de antemano que aquella vez seria diferente, y así fue.



Nos alojamos en el Hotel Carlton Gran Canal situado a la orilla del Gran Canal (obvio) y al lado de la Plaza Roma y frente de la Estación de Ferrocarril. El Hotel era un antiguo palacete con todo su encanto y muy bien comunicado para moverse por Venecia y las Isla de Murano y Burano, las cuales teníamos intención de visitar.



Venecia solo ofrece dos opciones para poder sentirla profundamente, patearla a pie o surcar sus canales en barca o góndola y por supuesto los socorridos y bien organizados Vaporettos que te llevan de un lugar a otro de la laguna.



La Góndola es preferible dejarlo para el turista hortera casi siempre japoneses o parejitas de recién casados o tortolitos apasionados que también existen y por supuesto amantes que quieran vivir este efímero instante.

Para mi lo más sencillo es recorrer a pie cualquier ciudad, esa es la verdadera esencia para embriagarte de su paisaje y su gente.



En Venecia se hace más patente el impacto de su maravilloso entorno, según la hora del día en que realices tu paseo.


A primera hora de la mañana tiene un encanto particular, cruzarlo cuando todavía las tiendas están cerradas y nadie mas que tu y algún madrugador nativo que se dirige a su trabajo se cruza tímidamente contigo, es una experiencia única.

Un ejemplo, por poner alguno, es el archiconocido puente de Rialto,



Luego viene la avalancha de personas que trabajan en la ciudad y que desembarcan como si se tratara de un ejército intentando llegar a tiempo a sus lugares de trabajo y a continuación la invasión de la horda de turistas que lo invaden todo.

Ese mismo puente por la noche iluminado tiene un encanto extraordinario, y en su entorno existen una selección de locales donde podemos gozar de la escasa vida nocturna de la ciudad.



A escasos pasos del puente de Rialto descubrimos un local que posee un gran atractivo El Bacaro Jazz, la decoración es muy acogedora, si así se puede llamar a un techo totalmente decorado por sostenes de señoras, cuyo origen no me atreví a preguntar. La comida muy aceptable y una buena relación calidad precio. En definitiva un buen ambiente, personal amable y por supuesto la compañía de una buena música de Jazz.



En esta ocasión deseaba ver todo aquello que en otras ocasiones no pude o no me dio tiempo de visitar, por supuesto que no dejamos de pasearnos por la impresionante plaza de San Marco y admirar la belleza de su Basílica y el palacio ducal así como la soberbia silueta de su Campanille.



Nos acercamos hasta el archiconocido Puente de los Suspiros y nos sorprendió la imagen con la que esta decorada ahora, aunque por supuesto sea una situación temporal, ambos lados del canal esta cubierto con plafones que simulan el cielo y por encima del famoso puente un cartel publicitario también en azul anuncia motivo de tan insólita decoración.



Todo el recorrido lo estábamos haciendo a pie, deteniéndonos delante de cada edificio singular o cada uno de los canales o puentes que llamaban nuestra atención.



Buscábamos rincones insólitos, calles curiosas como la de Los Asesinos, el callejón de La Muerte y el de La Vida.



Plazas con encanto que allí las llaman Campo (Campo San Polo, Campo San Angelo, Campo San Stefano etc.) iglesias (incontables, Santa Maria della Salute, San Giorgio Magiore).


Museos, palacios y edificios singulares como el teatro La Fenice o el Contarini del Bovolo el curioso edificio con una escalera de caracol exterior.



Nos saciamos de tanta belleza y disfrutamos tomándonos un maquiatto o una birra en algún localito con encanto, perdido en las callejuelas de la ciudad al lado de un puente o con vistas a sus encantadores canales.



Con los vaporettos recorrimos el Gran Canal, el enorme de La Giudecca y otros perpendiculares disfrutando de las maravillosas vistas que Venecia posee, también es cierto que el frío apretaba muchísimo pero a pesar de ello aguantábamos con estoicismo la baja temperatura con tal de disfrutar del magnifico paisaje que se nos ofrecía.



Por la noche cena romántica en algún local escondido de los muchos que te ofrece la ciudad de los artistas, la presencia de sus pintores (il Tintoretto, il Canaletto, Bellini o Bellotto, por citar algunos) y sus músicos (Vivaldi, Albinoni, Monteverdi, etc.) se hallan en cada rincón de Venecia.



Y nunca os perdais los amaneceres y atardeceres de Venecia,

!son inolvidables!


Conde de Queralbs

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